Capitulo diez. El depa



Capitulo diez, el departamento
Entre al edificio de departamentos de Reforma 222, en el lobby del edificio un guardia me saludo. Es usted el señor Javier. Si soy yo. Soy el guardia del edificio, bienvenido. La señorita Mónica estuvo aquí muy temprano, me pidió que le entregara su llave. El guardia me entrego la llave. Me permite una firma. Me alcanzo el formulario para firmar de recibido. Mero trámite. Está bien, le dije. Pase, es el undécimo piso. Era un edificio de estilo español con pisos de mosaico árabe, subí al ascensor, presione el piso once. El ascensor me pidió la autorización. Introduje la tarjeta, el elevador cerró las puertas. Ya en el undécimo piso abrió las puertas y sonó un timbre. Estaba en el departamento.

El departamento tenía una enorme sala con un sofá de piel color chocolate,  piso de madera, cortinas de persianas de piso a techo. Unas ventanas panorámicas permitían ver Paseo de la Reforma. Había un pequeño comedor alto con sillas negras. Una cocina de acero inoxidable que hacia juego con una barra de cristal. En la sala un pequeño piano de piso. Me pregunto quién ira a tocar esto pensé. Al fondo  se veía que un pasillo y por este se encontraba la única recamara. Una cama de herrería con piso alfombrado. El baño era de mosaico con pared transparente dejaba ver una pequeña regadera. Un espejo en toda la pared hacia la ilusión de una habitación más grande. En la pared una enorme foto de Bob Marley fumando mariguana. Quien chingados es este guey, pensé.

Abrí las puertas del closet. Había ropa de hombre, trajes, color azul y gris oxford. Todo nuevo. Ropa interior en paquetes. Un par de perfumes Carolina Herrera. Saque un traje Armani, abrí un paquete de calzoncillos, calcetines, camisetas. Dispuse todo en la cama. Enseguida acomode mi ropa también.  Deje los calcetines en el cajón de hasta abajo y arriba los calzones. Colgué las camisas en el closet. Tome unas sandalias que ahí estaban, eran de un tamaño mayor al que yo uso, aun así me las puse. Me metí en el baño. Había un paquete con champú, jabón. Me di un regaderazo. Salí y conecte mi rasuradora. 

No tenía prisa. Pase la rasuradora por mi barba, siempre había tenido que rasurarme la barba a diario. Pase la rasuradora por el bigote, baje un poco, pase por el mentón, bajo hasta la manzana de adán, subí por los costados de la garganta,  por las mejillas, debajo de los ojos. El sonido de la rasuradora era lo único que  escuchaba en el departamento. Alf¿ final colgué la rasuradora. Era divertido. Limpie mi cara. Tome mi cepillo de dientes, le puse pasta y fui a la sala a cepillarme. Mientras me cepillaba abrí  las persianas. Avenida Reforma se mostraba abajo, a unos cincuenta metros. Alce la mirada. Por la ventana la estatua de la Diana Cazadora, más arriba el ángel de la independencia y allá en el cerro el castillo de Chapultepec. Por el otro lado, la glorieta de Colon, Avenida Hidalgo y el edificio de Cienciología. Todo estaba conectado. Desde aquí podía verlo todo.

Regrese a mi cuarto. Tome el traje, la ropa interior, me vestí. Use una camisa, también nueva color azul claro y una corbata azul con ilustraciones de caballos troyanos. Abajo en la zapatera estaban un par de mocasines italianos. Los tomé y me los puse, estos si eran de mi talla.

Me puse perfume y cogí mi celular. Antes de salir entre al baño. Orine. Me vi al espejo. Ya estás de nuevo aquí, dije. Baje por el ascensor. El edificio no tenía estacionamiento, así te debía dejar mi camioneta en la calle de Dante. Una calle atrás de Reforma.  Decidí dejar el auto estacionado y pedí un taxi. El taxi llego y me dejo en las oficinas de Cienciología.

Apenas había tomado el elevador recibí un mensaje. Era Mónica. Espero te haya gustado el departamento. No iré hoy a trabajar. La jefa me encargo algo. Después te veo en el departamento. Besos. Guarde el celular y entre a la oficina. Una asistente me recibió con una sonrisa. Señor Javier. La jefa de área desea verlo. De inmediato me dirigí hasta donde la oficina de la jefa de área. En realidad se trataba de un pequeño cubículo. Tenía solo una pequeña separación de los demás cubículos y su secretaria estaba en el mismo sitio.

Javier buen día. Buen día Señora Jefa de Área. Javier, supe que estas estrenando departamento. Si, de hecho le iba a comentar. Pues no es necesario porque ya me entere. Si, ya veo. Bueno, me entere por medio de tu solicitud de rembolso de gastos por cambio de residencia, misma que aquí tengo y que tu secretaria. Asistente, corregí. Que tu Asistente me anexo con una serie de gastos, Vienen los pagos del nuevo departamento, un año de renta, más algunos muebles, un reloj de arena, un piano, era necesario el piano, pregunto. Bueno,  ese departamento, como todos los gastos que genere correrá a cargo de Cienciología. Wow, que bien, le dije. Javier, yo no estoy de acuerdo en todos esos gastos, es mas, me parecen muchos de estos superfluos como los trajes Armani. Creo que son necesarios, le dije, presumiendo mi nuevo traje. Bueno, pues te comento, le dimos a Mónica una tarjeta corporativa misma con la que podrás hacer los gastos que necesites hasta que te instales. Gracias, le dije con una sonrisa. Los jefes te tienen en mucho aprecio. Y han decidido darte esto. Una tarjeta corporativa, Así es. Te comento que no puedes pagar restaurantes, transporte, viajes, despensa. Y mi tarjeta, le pregunte. La tiene Mónica.  Gracias, atine a decir. Javier, por último. Dígame. Esto es tuyo. Me dio un sobre. Lo tome. Lo revisare más tarde. Sé que lo harás, espero ese sobre firmado mañana en mi escritorio. Me retiro le dije. Hasta entonces.

Una vez en mi oficina. Deje el sobre en mi escritorio. Que huevos de vieja, me quiere forzar a firmar esto. Y que es esta mamada de que no puedo gastar más que en mi mudanza, todos lo hacen. En fin, empezare a gastar algo. Llame a un servicio de entregas y pedí dos docenas de rosas para mi departamento. Para Mónica, con amor. De Javier. No manes, que cursi. En fin. Abrí el sobre que me había dado la jefa de área, saque los acuses, no decían los nuevos nombramientos, era solo un recibo donde certificaba que yo los había recibido. Lo deje sobre mi escritorio.

Regrese a mi departamento caminando, era una espléndida tarde y decidí hacer ejercicio. Camine y en media hora había llegado a mi departamento, Reforma 222 onceavo piso, me gustaban esos números. Entre, salude al guardia con una seña, pase al elevador e introduje mi llave. El ascensor se abrió en mi departamento. Un hombre sin camisa y con aspecto afro descansaba tumbado en mi sillón. Pero que chingados, grite. El tipo se incorporó y saludo. Hola. Hola madres, que haces aquí. Otro negro se asomó por el baño. Se me van en chinga de aquí cabrones. Amor, dijo Mónica, quien estaba en la recamara salió con apenas una bata delgada que dejaba ver sus pezones. Quienes son estos cabrones. Son de la banda amor. Que banda. Ya relájate mira. Mónica me acerco un cigarro que traía en sus manos. Era mariguana. Me rehusé a fumar.

La neta me saco de onda que estos cabrones anduvieran en la casa, mi vieja casi encuerada y uno de ellos sin camisa. Le dije. Óyeme cabrón, te me pones una camisa. El no usa camisa, dijo el otro guey en terrible español. Me vale madre. No te entienden, son alemanes, dijo Mónica. ¿De donde los sacaste? Son buenos músicos. Unos amigos.

Una amiga de Mónica, que tenía todos los brazos tatuados, salió de la cocina y puso en la mesa lo que parecían unos bocadillos de mariscos y unos panecillos. Tome un bocadillo. Lo escupí, Que es esta madre. Es abulón. Esta crudo. Así se come. Imposible, dije. Y estos panecillos. Todos se rieron. Son brownies. ¿Brownies?, tome uno. Mónica me detuvo. Es droga, ya te pido algo para que comas. Los tipos afro se acomodaron en la sala y empezaron a tocar, usaban mi piano tambor y una pequeña guitarra hindú. Tocaron. There was a buffalo soldier; in the heart of América. Cantaban a Bob Marley. Mónica paso junto al tipo negro sin camisa y este cabrón la tomo de la cintura y le dijo algo al oído, ella se sonrojo y no dijo nada. Pinche igualado, pensé.

Fui a la barra de la cocina y me serví un whisky. Me pasas uno. Me dijo uno de los afro. De mala gana le serví uno. Se lo pase. Mónica se quedó platicando con el tipo sin camisa. Estaban tan cerca que este guey casi la besaba. Me veía y no decía nada. Sin decir más me acerque a ellos. Quiero que se vayan a la chingada, les dije. Pero señor. Señor madres. Estas fajándote a mi vieja. Los tipos se pararon frente a mí, pensé que me iban a partir la madre. La amiga de Mónica se paró del lado de ellos con cara de: que te pasa pinche ruco. Mónica agarro a los tipos y hablando algo que parecía alemán les pidió algo, ellos tomaron sus cosas y sin despedirse se largaron. El tipo sin camisa dijo algo antes de salir. Que te pasa pendejo le dije, el tipo se regresó y casi me pone un madrazo. Mónica alzo la voz, dijo algo en alemán. El tipo salió sin decir nada. Tome la puerta y la cerré de golpe. No mames dije.

Me senté en la sala. Mire por la ventana, era una extraordinaria vista de paseo de la reforma, la noche permitía ver todos los autos que iluminaban la avenida, luces en verde y rojo en los semáforos, cadenas de amarillo en las luces de la avenida, los autos en movimiento. Permanecí en silencio por un rato. Mónica se sentó a mi lado. Me levanto la mano y se acomodó por debajo. Siento que no te hayas divertido. Si, que bueno que se fueron. Pensé que te gustaría escuchar música. Pues sí, pero esos tipos me cayeron en los huevos. Me perdonas. Está bien, no quiero verlos de nuevo. Prometido, dijo Mónica. Te parece si pedimos algo por teléfono, pregunte. Si, que se te antoja, dijo. Una pizza de salami, peperoni con aceitunas negras y pimiento le dije. Eso pediré. Destape  una botella de vino, dije. Ella llamo y pidió todo por teléfono. Mi celular sonó. Era una llamada, era Ana, no conteste. El teléfono volvió a sonar. Lo deje sonar. ¿Quién era?, me pregunto Mónica. De mi casa, no es importante. Esta es ahora tú casa amor. Por cierto, Gracias por mis rosas. Te gustaron le dije. Me encantaron. Mónica traía puesto un vestido delgado. Lo levanto. Estaba totalmente desnuda. Oye no mames, ¿así andabas en la fiesta? Sí, no te gusta, pues me encanta, pero no mames había más cabrones. ¿Te encelaste? Un chingo. No que tu muy seguro. Lo soy, pero me cayeron en los huevos tus amigos. Inseguro. Ni madre. Mónica subió sus bellas y desnudas piernas sobre las mías,  tenía una piel de seda y terciopelo, con olor flores. Me perdonas, me dijo. No puedo decirle que no a estas nalgas, le conteste. Llegaron las pizzas.  Comimos algo y nos bebimos la botella de vino. Estrene mi sala, mi departamento y mi vieja, a huevo,  pensé. Salimos desnudos al balcón. Abajo, Paseo de la reforma a cincuenta metros,. Yo aquí mirando la ciudad, junto a una hermosa chica desnuda. Terminamos recostados en la habitación. Me levante a fumar algo. Mónica se quedó dormida. Fui a la sala, encendí un cigarro. Quería escuchar música. Busque algo en el aparato de sonido. Había reage, new age. ¿Qué es esta madre?, pensé en voz alta, ¿a qué hora se acabó la buena música? Busque Andy Williams, Enanitos Verdes. Nada. The was a buffalo soldier, no mames, se me pego la música. De jodido José José dije. Apague mi cigarro, me acosté. Mire por ultimo mi celular, tenía una llamada perdida de Ana. La empezaba a extrañar.


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