Capitulo doce, La Tarde

Capitulo doce, Lunes por la Tarde

La verdad no pensé que fuera a hacer el amor con Cinthia. No pasaba siquiera por mi mente. Era una chica sumamente atractiva. Había cambiado por completo mi primera impresión, De hecho no se en que momento pasó de ser la chica con los brazos tatuados, a Cinthia. Me gustaba? sin duda. ¿Y Mónica? era diferente. Digamos que Cinthia era algo así como un bocado que quiere uno disfrutar un lunes por la tarde. Como hoy por ejemplo.
Abordé el taxi en avenida Juárez; pedí al chófer que me llevara a Reforma dos veintidós. Me gustaba la idea de vivir en esa dirección. Que simple, que sencillo. ¿Dónde vives, me preguntaría un amigo? Reforma dos veintidós. Así, sencilla como era mi vida, sin cargar cosas ni personas. Llevaba ahora mismo en el taxi dos botellas de vino blanco para acompañar el pescado que Cinthia prepararía; también llevaba un paquete de carnes y quesos selectos para acompañar el previo a la cena. En la avenida Juárez había poco tráfico y el taxi avanzaba atravesando la sombra de los álamos. Entró al primer cuadro de la ciudad, tomó calle Cinco de Mayo y dobló en Bolívar, avanzó otras cinco calles y dio vuelta en Fray Servando para avanzar hasta avenida Chapultepec y de ahí, y detrás de muchos edificios y torres de cristal: avenida Reforma. La luz de la tarde jugaba con los rascacielos, y estos dibujaban las nubes del cielo. En la avenida la gente caminaba. Algunos sentados en las bancas de las aceras leían su diario en alguna tableta electrónica. Otros paseaban en escúter eléctricos. Parecía que en esta tarde nadie tuviera prisa de nada, que todo era así: perfecto.
Sentí un ligero sopor de la tarde. Me quite el saco y me sentí mejor. Hacía calor en la Ciudad me México. Me recosté en el asiento del taxi mientras este llegaba a mi destino. Descanse. Creo que me quede dormido por un instante. No sentí cuando llegamos. Desperté. Abrí la puerta del taxi y me pare en la avenida. El fresco del viento me pego en el rostro. Mire el taxímetro; pagué y cerré la puerta. No estaba acostumbrado a dar las gracias, así que esta vez tampoco lo hice.
Entre al edificio. Por alguna  razón no había pensado en Mónica en todo el día. Bueno, la razón la sabía, se llamaba Cinthia. Me gustaba la chica. Era maestra de yoga, inteligente, hablaba francés, tenía una excelente plática y un cuerpo estupendo, y lo mejor de todo, me hacía preguntas que me resultaban fácil de responder. Apenas la conocía y ya me había encantado. Pase frente al guardia y avance hasta el elevador, entre y elegí el piso once. Pulse el botón y el elevador cerró sus puertas y ascendió apenas con un pequeño silbido de aire. Se detuvo y las puertas se abrieron, estaba en el piso once.
Desde el elevador podía verse la estancia, al fondo una ventana dejaba ver los rascacielos de la avenida Reforma y las hileras de fresnos y jacarandas de los pasos peatonales. Se podían ver también las líneas que dibujaban los paseantes en las orillas de los prados y los andadores. Por la misma ventana entraba la luz de la tarde que bañaba los pisos de mármol gris del apartamento. Se veía también un gran sillón chocolate de piel que miraba a la ventana y del otro lado. Más al fondo un piano aguardando ser tocado. En el medio se miraba el comedor, una pequeña mesa con sillas de cedro color café. Había sobre este dispuesto y listo un servicio para dos personas, platos de cerámica blanca y cubiertos de metal, un destapa corchos esperando abrir una botella de vino y unas velas aromáticas de canela y manzana esperando ser encendidas. Una chica movía las velas, las cambiaba de lugar, las miraba para cambiarlas nuevamente. Ella vestía unas sandalias romanas y un pequeño vestido corto transparente de polyester con tirantes rojos, que a cada vuelta que daba dejaba ver su cuerpo desnudo debajo del vestido y sus brazos completamente tatuados. Los tirantes del vestido, por su parte jugueteaban a caerse y la chica jugueteaba a sostenerlos en su sitio, un juego que no cansaba de verse.
La chica se inclinaba sobre la mesa para acomodar una vez más las velas aromáticas. Estaba más que excitado. Mientras el elevador cerró sus puertas sonando una campana, Cinthia se volvió y me sonrió sin parpadear. Se acercó a mí y me recibió con un beso en la mejilla que lo convertí en un beso en la boca. No se molestó en absoluto. Tomó una de las bolsas que yo sostenía y la llevó a la cocina. La otra bolsa la llevé hasta ponerla sobre la mesa del comedor. Cinthia regreso de la cocina.
-       ¿Te sirvo algo de tomar?
-       Sí, un whisky, respondí. Yo me lo sirvo yo
-       Bien, míster auto suficiente
-       Está bien sírveme algo –No quería arruinarle el gusto de servirme
Se fue a la cocina y yo a la barra de la cantina. Me senté en un banco alto a esperar. Cinthia regreso y me trajo un vaso con hielo con licor de naranja y un plato de cuadros de jamón y queso.
-       Qué bien, le dije.
-       Espero te guste.
-       Ya me está gustando
Ella se fue a la mesa del comedor y encendió las velas que ahí estaban, el departamento olía a manzana y canela. Cinthia se inclinaba y dejaba ver lo bello de su cuerpo y sus bronceadas piernas. Tomo su celular y puso música en el aparato de sonido. Se escuchaba un piano y saxofón, era Jazz.
-       Miles Davis. Ahora si me siento todo un playboy -Cinthia me miro.
-       Creo que eres más que eso.
-       Eso dices porque me estimas
-       Te estimo, cierto.
-       Tanto como puedes estimar alguien que conoces el mismo día desde la mañana
-       Te conozco un poco más de lo que crees, me han hablado mucho de ti. -Supe quien le había hablado de mí.
-       ¿Que sabes de mí?
-       Pues cosas, por ejemplo, que nunca hablas de tus padres.
-       Oh, creo que sabes más cosas de las que pensé. -Recorde que Mónica era mi pareja y Cinthia su mejor amiga. No quise decir nada más.
Ella se fue a la cocina y después de un instante se escuchó el chillar del sartén, era el pescado que estaba cocinando. Afuera en la avenida empezaba a caer la noche. El sonido del sartén inundaba el departamento y un olor a pescado frito en ajo antojaba el paladar. En el equipo de sonido volvió al ataque Miles Davis, ahora toco So What A Miles Davis parecía que le valía madre que sonara el sartén. Si un jodido sartén podía sonar tan bien, el sonaría mejor. Así que empezó a tocar. Afuera en la avenida las luces tintineaban al compás del jazz. En el departamento las velas se divertían con el piano y el saxofón.
-       Parece navidad -Cinthia, quien iba y venía del comedor a la cocina me escucho.
-       ¿Navidad?, creo que para eso faltan un par de meses.
-       ¿Te gusta la navidad?
-       Me encanta contesto ella.
-       ¿Que haces en esas fechas?
-       Soy una cursi, te vas a reír.
-       Dime -Me gustaba su risa.
-       Pues pongo el árbol de navidad. Tengo un departamento, todo debe ser pequeño: una recamara, baño, una pequeña cocina, es todo. Bueno pues pongo un árbol diminuto, adornos, lleno de luces, cuelgo figuras de papel de china y todo el día pongo música.
-       ¿Musica de Miles Davis?
-       Sí, dijo contenta -Se le dibujaba una hermosa sonrisa, presumiendo sus labios carnosos. Pensaba que sería un pecado no besarlos.
El chillido de sartén nos interrumpió. Me levanté y fui a la cantina, me estaba sirviendo un whiskey en un vaso vaso lleno de hielo cuando sentí que Cinthia me había seguido hasta ahí, estaba de pie detrás de mí. Viendo todo lo que yo hacía: como colocaba yo cada hielo, el sonido que hacia el cristal en la barra de la cantina cuando apoyaba el vaso sobre esta, como sonaba la botella de Bourbon al destapar, el concierto de sonidos, el tintineo inconfundible del licor resbalando en los hielos. Miré tranquilo y como siempre el vaso de whiskey antes de beber. Sabía que solo era solo cuestión de tiempo, esta chica hermosa estaba detrás de mí, sintiendo mi respiración, y mirándome, esperando lo que yo decidiera hacer con ella. Tomaba yo el vaso y ella me empezó a tocar el hombro, volví la mirada para acercarle mi copa a su boca. Le puse el vaso en sus labios y ella bebió un poco.
-       ¿Te gusta el whiskey
-       De hecho no tomo.
-       Entonces.
-       Quise saber que tomabas.
-       ¿Te gusto?
-       No.
-       ¿Por qué lo hiciste?
-       Me gusta que lo hagas
-       ¡Y que es lo que hago?.
-       Eres autentico.
-       Soy un perdedor.
-       Bueno, eres un perdedor autentico.
-       ¿Eso fue un halago?
-       Tu lo dijiste.
-       Debiste decir, no lo eres -La tome de la cintura y quise abrazarla Ella se dejó abrazar y después de un instante se saca de mi brazo. Estaba tan cerca, de piel suave y tibia. La miré. Que tal un beso, le digo. Sale hacia la cocina. Es una chica tan segura y en ese momento huía. Quien entiende a las mujeres, pensé.
Regresó de la cocina y preguntó:
-       ¿bailamos?
-       ¿Eso? –no iba yo a bailar  jazz.
-       Pensé que te gustaba.
-       Pues no, me aburre el jazz.
-       ¿Eres más de cha chacha?
-       Exacto
-       ¿Que tal algo distinto? -Cinthia tomo su celular y cambio la melodía, sonó algo de Marc Anthony, es una letra que decía: este secreto que tiene lo nuestro nunca nadie lo sabrá.
-       ¿Salsa? -La tomé entonces de la cintura, apenas tocándola, ella se pegó a mí, le tomo su mano con cuidado y empezamos a bailar, un dos tres, cinco seis siete, tomaba el ritmo, vuelta a la derecha. Este amor es un secreto, cantaba Marc Anthony. Vuelta a la derecha, las cintas del vestido de Cinthia jugaban a caerse de su brazo, ella jugaba a que las acomodaba, era un juego divertido e inocente. Pude besarla, si hubiera querido. Por alguna razón no quería hacerlo, estaba en algún modo cansado de que las cosas fueran tan sencillas. De ser un fresco, de no comprometerme con nadie. De solo recibir. De buscar sin encontrar.
Le  acaricie el rostro y baje mi mano, primero toco su cuello bajo por el brazo y la mano arrastro la única cinta que sostenía el vestido, su último bastión, estaba ahí, y ahora iba a caer con mi dedo, que lo arrastraba hacia abajo. Ella no opuso resistencia, lo esperaba quizás. La cinta cayo, pero el vestido no, que pasa, pensé para mí. Ella sonrió, ahora sus senos firmes sostenían el vestido, De nuevo, avergonzado esta vez, acomode de nuevo la cinta en el hombro de ella, desistí de m intento.
Algo se escuchó en la cocina. Debo servir la cena, dijo. La melodía termino. La solté y ella dio vuelta. Regrese a la cantina, tome mi vaso de whisky y lo lleve hasta el equipo de sonido. Tararee una canción You are just to good to be true……, cantaba yo. Cinthia regreso de la cocina,
-       ¿Estas poniéndote romántico?
-       Pues salió esta canción, sonreí. Está bien, me gusta que cantes.
-       Que bien -Ella dispuso la mesa-  ¿Me ayudas?
-       Claro, abrí la botella de vino blanco y serví las copas –en ese momento me interrumpió, con un largo beso.
You are just too good to be true, yo cantaba. Ambos reímos. Pase mi mano por sus pies, tenían una sensación tibia, subí mi mano y toque su pantaletas, ella me abrazó. Nos levantamos y la llevé a la habitación. Llegamos a la recamara. Hicimos el amor un par de veces. La primera fue un encuentro accidentado, entre una chica de uno sesenta de estatura y cincuenta y cinco kilos, talla tres, un cuerpazo y un cincuentón que después de varios tragos lo mejor que pudo hacer es besarla y terminar el sexo a trompicones sin poder evitarlo a los cinco minutos. El segundo encuentro fue el mejor. La música de piano y el saxofón ayudaron. El jazz sonaba desde el equipo de sonido de la sala. Después de un receso del partido y disfrutando de un cigarro, yo me sentí más cómodo, más confiado. Abracé a Cinthia debajo de las sabanas de algodón, el contraste entre lo frio de las sabanas y lo tibio de su cuerpo era excitante, me sentí listo para el segundo embate, pero esta vez ella tomo la voz de mando, me dejo tirado boca abajo, me monto y como toda una amazona, me cogió, así sin más, sin poder yo decir nada, fue algo que me dejo sin palabras, tuve el orgasmo de mi vida. Intente abrazarla, pero solo atiné a quedarme dormido.

En el equipo de sonido del lobby Andy Williams cantó toda la noche, a nadie le molestó. Descansé de manera estupenda. Por la mañana me despertó un mensaje de Mónica. Algo ocurría y era muy importante.


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