Capitulo trece, la duda
Capitulo trece, la duda
Dormí toda la noche, o mejor dicho, lo que quedaba de esta. Me despertó
el equipo de sonido. Tomé el control del aparato. Cinthia estaba sentada en un
taburete. Estaba desnuda. Sostenía su pierna con ambas manos y descansaba su
cabeza sobre su rodilla.
-
Te importa si pongo música. Pregunte.
-
No, está bien. -Contesto cortante. Puse una melodía, La chica de Ipanema.
-
Te gusta esa melodía, preguntó.
-
Es de mis favoritas, pero veo que a ti no.
-
Pasa algo
-
Exacto, ¡tienes algo!
-
Recibí una llamada. Mónica.
-
¿Qué sucede con ella?
-
Sabes que es mi amiga.
-
Así es.
-
Pues llamo hace rato y yo conteste. debo decir que se molestó. Me
pregunto qué hacía yo aquí, no supe que contestar. Me pidió que le llamaras en
cuanto pudieras. Que ha tratado de comunicarse contigo. Quise preguntarle más,
pero no entendí lo que decía, creo que me mandó a la chingada.
Saqué entonces mi celular y vi que tenía llamadas perdidas. Eran
de Mónica, pero también había varias de Héctor y una de Ana, mi ex esposa.
Confieso que me valían madre las llamadas. Así que me vestí. Quise
despejar mi cabeza. Encendí un cigarro y me salí a la terraza a fumar. Tome el
celular y le marque a Mónica. Ella no me contestó. Insistí una segunda vez.
Tampoco tuve suerte. En su lugar recibí un mensaje. Necesito que vengas a
Guadalajara, no le digas a nadie que vienes, es urgente. Por cierto, ¿qué hace
Cinthia en la casa?
Que desmadre con Mónica, no me toma la llamada y me pide que me
vaya de inmediato a Guadalajara, y lo peor, ya empezamos con celos. Yo no tenía
ganas de viajar. Cinthia se asomó a la terraza. Abajo en avenida reforma las
luces de los autos iluminaban todo de rojo y amarillo. Era una excelente mañana
para hacer el amor, pensé.
-
¿Le llamaste a Mónica?
-
Sí, pero no me contesta. Me dice que vaya a Guadalajara.
-
¿Ahora? y ¿Qué harás?
-
Iré.
-
¿Quieres que te acompañé?
-
No, será mejor que vaya solo. ¿Te puedo pedir un favor? Puedes
quedarte aquí por si necesito algo.
-
Está bien.
Fui a mi habitación y preparé una pequeña maleta. Un cambio de
ropa y un traje extra. Me cambie de ropa y me puse un pants y tenis para viajar
cómodo. Estaba en eso cuando entro Cinthia a la habitación. Se acercó a mí y me
regalo un beso.
-
Espero que regreses pronto me dijo. No contesté. Me estaba
arrepintiendo de salir de mi departamento.
Tomé mis llaves y bajé por el ascensor. Afuera del edificio me
dirigí al estacionamiento que se encontraba en la calle de atrás. Le pedí al
empleado mi camioneta, este fue por ella y la dejo estacionada sobre la calle. Subí
y me dispuse a manejar hasta Guadalajara, eran casi las seis de la mañana. Pasé
a una gasolinera, llene el tanque, cargue saldo, me compre un café negro grande
y unas donas. Siempre me venía un apetito excelente después de hacer el amor.
Conduje por Reforma hasta la salida a Toluca. Recordé como la había
conocido. Pensé que había sido exagerada mi comparación entre ella y Cinthia;
ambas eran muy hermosas, pero con Mónica tenía yo una conexión, quizá amor, que
cursi, pensé. Encendí la radio, hacía mucho que no hacia un viaje en carretera,
no recordaba lo bien que se sentía manejar en la autopista.
Hacia frio y encendí la calefacción. Me encantaba esta camioneta.
Ciertamente era de mi ex, no era mía, pero eso a quien importaba. Era muy
amplia, cómoda y, sobre todo, muy lujosa. Una neblina espesa cubría la carretera
y encendí las luces altas. Los letreros pasaban como en una pantalla de
televisión. Toluca a diez kilómetros, disfrutaba de ir saboreando mis propios
pensamientos en este viaje, así a solas. Nada mejor para un solitario como yo.
Llegue a Toluca tome la autopista que va para Michoacán. Me
intrigaba que Mónica no me hubiera tomado la llamada, de seguro estaba
encabronada con Cinthia, pero, ¿que acaso no eran amigas?, quien entiende a las
mujeres. Puse un disco de Fools Garden: Isolation,
it’s not good for me. Por otra parte, que es tan importante que no me hubiera podido
decir por teléfono, Creo que para eso es la tecnología. En fin.
Eran poco más de las diez cuando pase la desviación a Morelia. La
temperatura era de unos quince grados afuera. Vi a un tipo haciendo señas con
un sombrero de paja para ser auxiliado. Ni madre que me detengo en un lugar así
pensé. Recordé el propósito del viaje de Mónica a Guadalajara. Recibiría dos
cosas. Una, la lista de los nuevos Superintendentes SRS en México; y dos, las
claves electrónicas en USB de los accesos a las cuentas bancarias de todas esas
sucursales. Que podría haber salido mal. Eso iba a saberlo muy pronto.
Llevaba ya veinte kilómetros de la desviación de Morelia cuando
encontré una tienda Seven Eleven sobre la carretera. Me detuve y
entré a la tienda. Compré más café. Regresé a mi auto. Cerré la puerta y en ese
momento me dí cuenta que venía agotado, no podía seguir conduciendo. Ni madre,
aquí me duermo, pensé. Cerré bien la camioneta, recosté el asiento y me quedé
dormido. Un fuerte ruido me despertó, alguien estaba golpeando la ventana del
pasajero, queriendo romperla. Entre sueños pude ver que era el mismo tipo que
estaba en la carretera pidiendo ayuda. Abrí los ojos muy grandes y vi que me
decía algo. Quiere que le lavemos la camioneta señor. Encendí la camioneta,
traía los vidrios completamente empañados. Metí drive y moví la camioneta hacia
adelante, el tipo jalo la manija y empezó a patear la puerta. En ese momento
aceleré y el tipo cayó al suelo arrastrado por el impulso, no me detuve y me
fui de ahí.
Era mediodía cuando llegue a Guadalajara, me detuve en un
restaurante a orillas de carretera. Pedí unos huevos con jamón. Hacia una
estupenda mañana y el restaurante estaba lleno de paseantes y gente de
negocios. Hice una lista de mis pendientes. Ver a Mónica. Ver a mi jefe el SSR,
el Big Boss. Revisar el asunto de las claves de los superintendentes, y aclarar
por qué no se me habían entregado a mí las listas con esos datos. En todo caso
me correspondían. Además aclarar el por qué la jefa de área había pedido que se
firmara una lista que se fue a Nueva York con los nombres de los supuestos
superintendentes sin que yo la hubiera revisado. ¿Que estaban escondiendo
todos? ¿Acaso Mónica también me escondía algo? Eran preguntas que yo no sabría
responder.
Me detuve a cargar gasolina. En ese momento recibí un mensaje de
Mónica. No contestes este mensaje. Dirígete a Suites el Moro. Allende 605
centro. Subí a mi auto y me dirigí a las suites. Era un día estupendo para
estar en Guadalajara, sino fuera por el tráfico y el olor a smog de los
camiones viejos hubiera sido todo un paseo. Media después estaba en las suites
del Moro. Metí mi camioneta a la cochera y la dejé estacionada. Pregunté en
recepción por Mónica y me dijeron que estaba en una de las suites de la segunda
planta y frente a la alberca. Fui hasta allá. En la terraza había una alberca
de techo, un sky pool. Adentro de la alberca un pequeño bar. Al fondo un
barandal servía de mirador a la avenida con vista panorámica a la ciudad. Una
chica llamó mi atención, vestía una tanga color naranja, de cabello castaño
claro y piel de nácar, lucía un trasero que paraba el tráfico. Era ella.
Sintió mi mirada y volteo, se sonrió y me abrazó. Me dio un beso y nos sentamos
en una mesa junto a la alberca y estuvimos así, sin decir palabra por unos
minutos. Me bien de estar ahí. Después de unos minutos ella interrumpió el
silencio.
-
Javier, sabes porque estoy aquí. ¿Puedes decírmelo?
-
Estas aquí porque te van a entregar una USB con los datos de los
nuevos superintendentes, los nuevos SRS en todo el país.
-
¿Y qué más?, pregunto.
-
Pues que también vienen ahí los datos de los accesos a las cuentas
bancarias. Deben ser sesenta y cuatro cuentas.
-
Así es. Pero sabes ¿porque no te las entregaron a ti?
-
Me gustaría saberlo.
-
Bueno, pues creo que no confían en ti. Estas en investigación.
-
Pero ¿cómo?
-
Si, por eso te pedí que vinieras. Corres peligro. No debe saber
nadie que estas aquí, ¿Le has dicho a alguien?
-
A nadie, mentí.
Fuimos a comer. Escogí el Rincón Gaucho un restaurante argentino,
pedimos algo que le llaman vacio de ternera al asador, estaba bastante
aceptable. Nos tomamos dos botellas de vino tinto. Mónica parecía contenta.
Salimos del restaurante y anduvimos paseando por tiendas y calles.
Mónica me abrazo y no me soltó en toda la tarde. Su mano se metió en mi bolsa
de mi chamarra y me dejo algo, era la USB, será mejor que tú la tengas me dijo.
Después de las diez nos fuimos a descansar. Habíamos pasado todo el día juntos.
En la habitación le dije a Mónica que le agradecía que me hubiera llamado, que
me sentía muy bien por su confianza. Me metí a bañar y al salir me di cuenta
que ella estaba dormida. Pensé en despertarla, pero la verdad tenía la mente
llena de cosas en que pensar. Así que decidí poner mis ideas en orden
Noté lo bien que me sentía con Mónica. Era de mi absoluta
confianza. Relajado por lo tranquilo de la noche me dispuse a fumarme un
cigarro en la terraza. Salí de la habitación y llevé conmigo mi celular. En la
terraza recibí una llamada. Era mi jefe, el director de zona, el
SSR. Me estaba llamando desde Nueva York.
-
Dígame jefe, le contesté.
-
Javier, supe que estas en Guadalajara.
-
Así es jefe, pero tengo curiosidad, ¿quién le dijo?
-
Me lo dijo Mónica, también sé que tienes contigo la USB con las
claves y los nombres de los nuevos superintendentes -Quede sorprendido con la
llamada y con esta aseveración- Javier, esa información es muy
importante.
-
Lo sé jefe.
-
¿Sabes que estas en investigación?
-
Eso mismo me dijo Mónica.
-
Sabes que te estimo muchacho, no solo como jefe. Como hermano.
Hemos trabajado ya más de veinte años juntos.
-
Lo sé señor.
-
Javier, te voy a pedir algo.
-
Dígame.
-
Dame la USB. No intentes copiarla, si lo haces se borrara el
contenido. Por tu seguridad no debes temer, yo aclarare todo en Nueva York,
déjalo de mi parte.
-
Señor. Debo pensarlo.
-
Pero ¿cómo es posible?
-
Lo pensaré y le avisaré.
-
Javier! Javier! -En ese momento le colgué.
Cuando empezó a decir que me estimaba como su hermano supe que
estaba mintiendo. Y es que en Cienciología hay de todo, menos hermanos que se
juren lealtad. Díganmelo a mí, tengo veinte años ahí dentro. Pero por otro lado,
¿cómo sabe que estoy aquí? ¿Acaso Mónica le contó?, me costaba trabajo creerlo.
Llame a Cinthia en México. El teléfono sonó más de tres veces
hasta que alguien contesto. Era la voz de un hombre.
-
Pero quién demonios eres tú, -atine a decir. Del otro lado de la
línea se escuchó un cuchicheo hasta que Cinthia hablo por teléfono.
-
Aquí estoy, soy Cinthia.
-
¿Quién es ese cabròn? Le dije.
-
Es un amigo, está aquí conmigo.
-
¿Son los alemanes?
-
Si, son ellos.
-
Quiero que se larguen de ahí. Por otro lado, ¿sabes si me han
llamado?
-
Solo vino una persona. Se veía preocupado.
-
¿Quién?
-
Héctor. Me dijo que le llamaras, él sabe que estas en Guadalajara.
Su teléfono es cinco cinco..
Colgué el teléfono. Como era posible que todo mundo supiera que
estaba yo aquí. No se puede confiar en la gente. Ya no hay lealtad. Regresé a
la habitación, tomé un baño y después me metí debajo de las sabanas. Mónica
descansaba y la abrace. Me quede profundamente dormido.
Poco antes de amanecer me despertó un sobresalto, estaba solo en
la habitación, afuera en la terraza escuchaba una conversación, era Mónica
hablando por teléfono.
-
Yo ya no tengo la USB. -Se escuchaba que trataba de convencer a
alguien-Te digo que él la tiene. No, yo ya no la tengo. Está bien, no quiero
que lo lastimen, Yo conseguiré la USB. Te digo que la conseguiré. -Qué
demonios, pensé, ¿qué está ocurriendo?, y ¿por qué Mónica habla con otros? Pero
¿con quiénes?
Regresé a la cama y fingí estar dormido, desde ese instante supe
que no podía confiar en nadie, algo estaba ocurriendo y estaba yo dispuesto a
descubrirlo, aunque para eso tuviera que perder mi trabajo y a Mónica, y quizá mi
propia vida. Fingí dormir, pero no descanse; a partir de ese momento deje de
descansar y tuve que estar al pendiente de cada movimiento.
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