Capítulo cuatro, Harry y el juego del poder
Capítulo cuatro, Harry y el juego del poder
Mi
jefe se llamaba Harry, era el hombre más poderoso de la organización en México.
Siempre estuvo cercano a mí, ¿Por qué? no lo sabría decir. Yo hacía lo mío,
nada en especial. Los demás supervisores se desvivían por ganar su atención,
pero esto así no funcionaba. La organización no crecía por el esfuerzo diario y
llegar temprano a la oficina, crecía por los resultados. Mientras los demás
supervisores pasaban la vida cuidando sus gastos y entregando informes yo movía
los hilos. Había conseguido firmar más convenios que ningún otro. Contratos de cesión
de derechos, patentes, marcas, casi todos intangibles, cosas que le dejaban a
la organización mucho dinero; pero también habíamos comprado fábricas de
medicamentos, permisos de importación, empresas completas, y creo que hasta éramos
dueños de un par de burdeles.
Por
supuesto, mi jefe vino a mi fiesta. Voló con su esposa y estuvo a primera hora en mi
casa. Me dijo que le gustaría que yo le ayudara a revisar una información que
le habían mandado de las oficinas de Cienciologia desde Nueva York. Eso
significaba varias cosas; uno, que seguramente había un negocio importante que
cerrar; y dos, que regresaríamos a Guadalajara la próxima semana. Ana, mi
esposa, y la esposa de mi jefe coincidieron que era una excelente oportunidad
para convivir. Ellas se habían hecho amigas. Acordamos viajar los cuatro.
El
lunes temprano estábamos volando todos a Guadalajara. Llegamos al aeropuerto.
El chofer de mi jefe nos esperaba. Subimos a la camioneta, pasamos directo mi
jefe y yo a la oficina. Mientras ellas fueron a desayunar a un restaurante.
Harry
se sentía muy satisfecho de mi trabajo. Ese día trabajamos hasta tarde.
Revisamos cuidadosamente los cuadros informativos que nos estaban solicitando
de Nueva York. Me asignaron un cubículo donde estuve trabajando, hasta que a
las dos de la tarde se asomó por el pasillo. Nos vamos a comer. Fuimos a un
excelente restaurante de cortes argentino: bife, churrasco, empanadas, todo
delicioso. Tomamos vino seco y creo que bebimos un poco más de la cuenta.
Regresamos a trabajar después de un par de horas y un rato después paso
nuevamente por mí. Señor, su señora esposa lo está esperando. Debo decir que me
tenía un aprecio de padre. Yo no puedo decir que sentía algo así por él, le
tenía respeto, y como no, era el hombre más poderoso de la organización en todo
el país. Un día estaba en Guadalajara desayunando y en la noche cenando con los
líderes en Nueva York. No habia decision que el el mismo no revisara.
Fuimos
a su casa, vivía en una mansión en medio de la ciudad. El chofer nos esperaba
en el estacionamiento. Salió por avenida Degollado y condujo hasta las orillas
de un lago, tomo un acceso de terracería y ahí se detuvo en un portón de madera.
Entramos. Era lo que podemos llamar un pequeño rancho, tenía esculturas en los
jardines y pasillos de ladrillo rojo. Llegamos a una casa de cantera rosa. La
camioneta se detuvo debajo de un porche de teja. Después te voy a enseñar
unas fotos de mi último viaje a Nueva York, me dijo, estoy con varios
políticos, también actores, Tom Cruise, su esposa.
La
casa era impresionante. Nos recibió la sirvienta. ¿Y la señora? le
pregunto mi jefe a la sirvienta. Buenas noches, dijo la sirvienta, las señoras
están en el jardín de atrás señor, ¿quiere usted que les llame? No, está bien.
Pasamos hasta la sala, de ahí a un pasillo con fotos de políticos y actores en
las paredes, así hasta llegar a un vestíbulo, era una cantina, había ahí un
salón de tv y una mesa de billar. ¿Qué quieres tomar? Pregunto. Un whisky, le
dije. Me sirvió, le puso hielos y me lo paso. Él se sirvió uno igual. Saco de
un escritorio un cajón que contenía unos habanos.
A
Harry se le ocurrió filosofar un poco acerca de Cienciologia, cosa que a mí me
apasionaba, Javier, ¿sabes a que nos dedicamos en Cienciologia? Debo decir que
no me esperaba esa pregunta, así que solo atine a decir: Buscamos el desarrollo
humano de las personas. Eso sería lo ideal Javier, pero eso no existe, la
muchedumbre no desea mejorar, solo están ahí, esperando que alguien les diga
que hacer. Javier, es importante esta pregunta, debo asegurarme que sepas a que
me refiero. Dime, ¿a qué nos dedicamos en Cienciologia? Bueno, pues nos
dedicamos a tener el control de fábricas de medicinas, tenemos empresas,
hospitales, televisoras, derechos de uso, patentes, tratados de importaciones
internacionales, tenemos control de medios, actores, productores, periodistas.
somos digámoslo así, un emporio financiero gracias a nuestra selecta membresía.
¿Dinero? Si dinero conteste yo. Falso, eso no es lo importante Javier. Comenzó
a toser. Tomo su copa y vació el whisky en su garganta. Nos dedicamos a
acumular poder. El dinero no interesa, ese se esfuma, las empresas quiebran, el
poder es absoluto. El poder corrompe. Claro que corrompe. Eso a mí me hacía
perder la razón. Mi jefe saco una caja de habanos y cambio la conversación. Me paso un puro que sostenía con la mano. Fumamos. Tomo
un control remoto que estaba sobre la cantina y encendió el estéreo. Se escuchaba la cancion New York, cantaba Andy Williams. Se escuchó el ruido
desde el pasillo, eran nuestras esposas, entraron. ¿Ya empezaron a brindar sin
nosotras?, pregunto la esposa de mi jefe. Mi esposa se acercó y me abrazó.
Nos
pusimos de acuerdo para el siguiente día. ¿Qué quieren hacer? dijo la
anfitriona. Por ahora descansar, dijo mi mujer. Mira, pero si vas llegando a
Guadalajara. Bueno está bien, que el chofer los lleve a su hotel y mañana paso
por ti para irnos todo el día de compras. Eso ya me intereso, dijo mi esposa.
Bueno Javier, dijo mi jefe, te veo mañana. Sabes, siempre te he tenido cariño,
un cariño fraternal. Sus palabras me parecieron muy emotivas. Me dio un abrazo
y nos despedimos.
El
siguiente día fue muy animado. El chofer pasó por mí a las diez de la mañana. A
este paso nunca terminare la revisión que quiere mi jefe, le dije a mi esposa.
En la camioneta venia la esposa de mi jefe. Subimos mi esposa y yo. Pasaron a
dejarme a la oficina y ellas se fueron de compras y a desayunar.
Harry
me sorprendía en todo momento. Debo confesar que me molestaban todas las muestras
de afecto hacia mí, me hacían sentir comprometido. Apenas entre a mi cubículo
un empleado me dijo que mi jefe me mandó llamar. Me dirigí a su privado. Me
saludo y después dijo: Vámonos a desayunar. Nos fuimos al centro a comer unas
deliciosas tortas ahogadas. Estuvo platicándome de su infancia, de sus logros
en Cienciología y de lo mucho que su esposa y él nos querían a Ana y a mí.
Confío en ti muchacho. A mis más de cincuenta el me seguía llamando muchacho.
Regresamos
a trabajar, apenas avance un poco cuando un empleado me dijo, está esperándolo
el chofer en el estacionamiento.
Así
me la pasé todos los días, nunca pude avanzar, Jefe, no sé cómo decirle, no he
podido avanzar en mi trabajo. Claro que lo has hecho, has hecho un excelente
trabajo, dijo. ¿Cree usted? Pero si solo he andado con usted comiendo y
platicando. Exacto, ese ha sido tu mejor labor, Muchacho, créeme que me hace
bien que estés aquí.
Las
atenciones de Harry y su esposa nos mantuvieron ocupados en Guadalajara. Nunca
pude terminar mi trabajo. De hecho, no entendía a que había venido. Hasta que
el mismo me lo dijo. Fue un día antes de mi regreso a la Ciudad de México.
Estábamos en su casa. Esa tarde bebimos de más y él estaba más contento que de
costumbre. Javier, ¿has pensado en el futuro? ¿A qué se refiere señor? Estuve
la semana pasada en Nueva York. Fue una junta muy importante. Eso de las
empresas, los bancos y las importaciones es cuento viejo muchacho. ¿Perdemos
negocios señor? Así es, eso ya no nos interesa, ahora vamos a controlar la
política, eso es el poder muchacho, vamos a decidir el futuro de los países
donde estamos. Y yo en que le puedo ayudar señor. A eso voy, me puedes ayudar
en mucho. Dígame. Vas a ser mi sucesor, el próximo SSR de todo México. Vas a
ser un hombre muy poderoso, más poderoso que yo, vas a decidir quién gobierna
en este país. En ese momento no supe que decir. Estaba bajo el influjo de una
droga poderosa, eso era para mi el poder, algo más fuerte aún que el dinero. En
mi mente seguía escuchando la misma canción. I wanna be a part of
it, New York, New York, cantaba Andy Williams
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