Capitulo siete La tentación



Esa noche no pude dormir, mi mujer que a mi lado descansaba no se percataba de ello. La imagen de la hermosa Mónica bailaba en mi cabeza. Su rostro triste y sus piernas hermosas. Sentí una erección. Di la vuelta y me enfrente a mi esposa. Ahí dormida. Me aproxime a ella. Sentía su respiración. Apenas abrió los ojos. ¿Qué paso? Me preguntó somnolienta. Nada, atine a decir.
Deje la cama y me fui a la cocina. Me serví un whiskie. Tenía ahí una botella de Jim Bean que era de cajón. El frio de la noche me sereno un poco. Pensaba en Mónica. ¿Acaso esa me estaba coqueteando? No me sentía viejo, pero, era muy bueno para ser verdad. Por otro lado, mi puesto. Mónica llegaba en el peor momento, a un paso de que me nombren SSR en Cinesiología. Las cosas nunca son sencillas, pensé. Cuando piensas que no tienes problemas, el destino te sorprende.
Habia intentado estar con mi mujer, pero, era tan difícil. Imposible diría yo. Tantos años juntos y no conoces a tu pareja. Como le dices por ejemplo. Sabes que me gustaría acostarme con alguien mas joven. Que es mi asistente y me coquetea. Que me hace sentir veinte años mas joven. Ni pensarlo. Acaso debería yo renunciar a un gusto. Al pecado. Al goce de lo carnal y quedarme como todos los que cuidan un matrimonio por conveniencia, por cuidar las apariencias, porque parecemos una bonita pareja. Que chinga.
Recordé una tarde con Ana, hacia mucho tiempo. Estabamos de vacaciones en una reserva natural. Habia unas cabañas muy pintorescas y pequeñas donde solo cabian dos personas y una cama. Estábamos acostados y acabábamos de hacer el amor.
-       Javier, quiero que me prometas algo
-       Lo que quieras, mentí. Las mujeres deberían saber que después de un orgasmo siempre mentiremos. Y antes, pues también!
-       Si te enamoras de alguien, que no sea yo
-       Eso no sucederá, mentí otra vez
-       Que si lo haces me lo dirás
-       Si, ¿y tu que harás? Me diras gracias por confiármelo?
-       Te lo voy a agradecer
-       Mientes!, me vas a mandar al carajo!
-       Tambien!, ella me golpeó con una almohada yo cai noqueado.
-       Oye, asi me agradeces mi honestidad
-       Tu honestidad y tu se van al demonio!, me volvió a golpear con la almohada, ella estaba desnuda y verla golpeándome me excito
-       Asi me das las gracias por mi sinceridad? La abrace mientras ella me seguía golpeando cada vez mas leve. Hicimos el amor nuevamente.
Apuré mi trago y me regresé a la cama. Ana dormía, no la culpo. De eso han pasado mas de veinte años. Ya no somos los mismos. Yo ya no soy el mismo. Enamorado de Monica? Deinitivmente no. Me acosté tratando de no hacer ruido.
Pasaron unos días y me fui acostumbrando a ver a mi asistente en la oficina. Casi siempre iba vestida con un traje sastre azul y gris que pedia la jefa de area. Usaba zapato bajo y cuando hacia frio unos hermosos botines que hacían lucir sus pequeños pies. Nunca usaba falda, Por eso un dia me sorprendió llegando a la oficina con un vestido pegado y corto arriba de la rodilla. Espectacular. Aprovechaba cualquier pretexto para levantarse de su asiento y pasearse por la pequeña oficina que teníamos. Era imposible no verla. Hubiera sido muy sencillo invitarla a salir del edificio, con cualquier pretexto, comprar un café, caminar un poco, ir a una librería por un libro que no me interesaba leer. Despues pedirle ir a otro lugar, una copa. Ella pediría un Martini. Yo un whiskie. Reir un rato y de ahí algo mas. Un hotel. Pasar el rato. Hacerle el amor. Algo discreto. Pero que era discreto cuadno me van a dar la dirección de una organización tan grande. Nada. No hay nada lo sufcientemente discreto. Podria tomar la carretera al sur, Tlalpan, desierto de los leones. Conocia bien el lugar, había un grupo de hoteles de paso. Era una hora de ida, otra de regreso, estar ahí un par de horas.
-       Señor Javier, señor Javier
-       Si dime
-       Se quedo usted dormido?
-       Eh, no, dime
-       Le digo que hasta mañana, ya me retiro.
-       Ah, si esta bien Monica, hasta mañana. Cuiando se alejo de la puerta supe que iba a regresar. Y en efecto, segundos después escuche sus pasos por el pasillo
-       Javier. Perdón, señor Javier
-       Javier esta bien, dime Monica
-       Solo quería decirle que hoy me la pase muy bien, es usted un excelente jefe.
-       Si, bueno, me alegra saberlo, pero hoy casi no platique. Sera por eso que soy buen jefe?
-       Ella sonrio. Bueno, que pase bonita tarde.
-       Hasta mañana le dije, maldiciendo mi falta de valor. Que pocos guevos pensé para mi.

Comentarios