Capitulo diez, gastos, gastos y mas gastos
Con Mónica todo fue
siempre de menos a más. Al principio nos cuidábamos de que la gente se diera
cuenta que queríamos estar juntos. Yo la esperaba en el Sanborn’s de avenida
Hidalgo, o bien ella me esperaba, no sin protestar, en la glorieta de colon,
donde se juntan las prostitutas se reúnen por las tardes.
Pasábamos la tarde juntos;
en un principio los viernes, tomábamos algo e íbamos a un hotel; después fueron
también los sábados, si Ana me llamaba, sabía que estaba yo con amigos, con Héctor
o con algún otro cómplice inventado que me sirviera de coartada.
Nos gustaba el hotel, era
un edificio de los años cuarentas perdido en la colonia Roma. Tenía pisos y
paredes forrados en mosaico árabe. Escaleras amplias y muchos patios con
helechos en las paredes. El único problema era que tenia arboles en el
estacionamiento. ¿Dónde dejas tu auto que tiene tantas hojas de jacaranda?,
pregunto un día Ana.
En un principio, en
nuestra relación, todo era sexo; esperaba los viernes con expectación. A veces
me compraba un nuevo perfume, una camisa, o ropa interior. Escogía la música que
escucharíamos. El lugar siempre era el mismo, me sentía como en mi casa. Un día,
en una junta con funcionarios de gobierno, donde por cierto, logre una millonaria
contribución para la organización, uno de los directivos me pregunto la dirección
para enviar un paquete de documentos, por error le dije calle de Chihuahua
esquina con Yucatán, era la dirección del hotel.
Al principio hacíamos el
amor apenas llegando a la habitación; otras, aun sin llegar ya estábamos besándonos
en el coche. Mónica tenía unas piernas hermosas y una mirada triste. Yo le
preguntaba, ¿qué quieres hacer ahora? Lo que tú quieras me decía. Creo que
sabes lo que quiero. Ella reía y yo me enfilaba hacia nuestro escondite.
Le gustaba el bossa nova, Carlos
Jovim y la música brasileña. A mi me aburría. Parecía lenta e insípida.
Compraba discos cada semana. Brasileña, Española, Cubana, pero toda igual, no
me sentía que me conectara. Un día puse un disco de Tony Benet en la camioneta,
ella subió me dio un beso y de inmediato cambio el cedé. Era claro que no nos entendíamos
en la música.
Siempre me sentía de humor
para el sexo. Unos días cachondo, retozón o de plano caliente; sin embargo me
di cuenta que ella era distinta. Unos días estaba apagada, otros sin humor y
otros de plano no quería. Tarde en entender que ella no estaba disfrutando como
yo del sexo; es más, a veces sentía que no estaba cómoda del todo conmigo,
nuestros gustos eran distintos, si íbamos a la cama, ella decía que si, pero no
la sentía cachonda, ni excitada. A veces unos tragos ayudaban, pero algo no
estaba funcionando.
Un día al salir de un
restaurante conducía yo hacia el hotel, cuando me enteré de que unos tipos en
una camioneta nos venían siguiendo. Me detuve para que pasaran cuando me dí
cuenta que traían armas. No sabía si las usarían, ni siquiera sabía si nos seguían
a nosotros, pero tampoco lo quería averiguar. Como pude aceleré. Conocía el
rumbo así que no me fue difícil moverme entre las calles. Mónica se veía asustada.
Me detuve en una boca calle y nos asomamos, contentos de ver que los habíamos perdido,
cuando, oh sorpresa, ahí estaba la camioneta casi de frente, acelere a fondo,
casi me estrelló de frente con ella.Esta vez no me detuve hasta llegar al
hotel. Cuando me estacione ambos nos empezamos a reir, estábamos tan excitados
que esa vez fue el mejor sexo que he tenido con ella, después de eso quedé
noqueado, dormí hasta que amaneció.
Antes de salir con Mónica,
yo ya pasaba las tardes y los fines de semana fuera de mi casa. No fue difícil ocultar
mi relación con mi esposa. A veces
invitaba a Ana, y ella a veces aceptaba mi invitación, pero algo había pasado.
Ella era diferente y yo también. Ya no nos divertía lo mismo. Nuestras salidas
eran a la ópera, al teatro o a una reunión de sociedad. Al regresar, cuando yo
con unas copas me sentía con ánimos de hacer el amor, ella decidía sentarse a
desmaquillar por horas, no platicaba mucho, solo pasaba el tiempo observándose en
el espejo, yo me quedaba dormido.
Con Mónica me sentí mucho
mejor. No me molestaba saber que no éramos compatibles en lo mínimo. ¿La
necesitaba como mujer? Sin duda. Había llegado en una etapa importante en mi
vida. Iba a ser el próximo SSR de todo México, y si, por supuesto, necesitaba
yo tener una vida sexual sana, una mujer hermosa, y también, a mi esposa, a
Ana, una familia que mostrar a la sociedad. En resumen, tenia lo que
necesitaba.
Pasaron dos meses y las
cosas se relajaron, deje de preocuparme porque la gente descubriera que tenía
yo una amante. Así que empecé a hacer cosas más atrevidas, y más divertidas
también. Nos íbamos al cine, a tomar un café a San Ángel. Un día al salir de
ver la obra de teatro La Dama de Negro me encontré a la Jefa de Área de frente
en el bar del teatro. Llevaba yo un par de tragos, no pude más que saludarla,
ella con una sonrisa burlona saludo a Mónica. Me tenia agarrado de los huevos pensé
para mí.
Decidí arriesgarme menos.
A partir de ese día no iría mas a hoteles, menos restaurantes y sitios públicos.
Mandé a un contratista a arreglar el departamento de Reforma 222, cambie
cortinas, sala, pintar las paredes y cambiar el equipo de sonido. También pedí
que me mandaran una colección completa de Bossa Nova, música brasileña y algo
del mejor Son Cubano. Cambie las cerraduras, pedí tres llaves, conserve yo dos
y la otra se la di a Mónica.
Por supuesto, todos los
gastos los cargue a Cienciología y el concepto aparecía como reparación de oficina
reforma 222. Cuando la jefa de área vio los gastos fue hasta mi escritorio.
- Javier, me dijo, creo que
estos gastos son excesivos. Me alcanzo
un folder con un paquete de facturas, en un mes has facturado más de
veinticinco mil dólares. Tomó el folder y lo deje sobre la mesa.
- Julia, le dije, Te recuerdo
que este mes no he facturado eso, he facturado medio millón en contribuciones
del gobierno y de partidos políticos asociados a nuestra organización.
- Tienes gastos en decoración
de un departamento, una sala de piel, cambio de piso de madera, unos trajes
Armani y lo que más me llama la atención es el cambio de un piano negro por uno
blanco. ¿Acaso era eso necesario?
- Creo que tengo una cuenta
autorizada para gastos
- Si, cuenta que esta
sobrepasada desde el mes de enero, Javier, nadie gasta como tú.
- Creo que eso no te compete
Julia
- Veremos si no me compete,
dijo encabronada tomando las facturas. Después de eso salió y cerro de un
portazo.
Tomé el teléfono y llamé a
Ana. Este problema no me iba a tumbar mi puesto como mandamás en la organización.
El teléfono sonó dos veces, Ana contestó
- Si, Ana, ¿Cómo estás?,
quiero pedirte un favor, préstame veinticinco mil dólares. Si, depositalos a mi
cuenta ejecutiva de Cienciologia. Gracias, te veo más tarde.
Recibí en unos minutos la confirmación
del depósito. Media hora después, recibí una llamada, era ni más ni menos que
de Harry mi jefe.
- Javier, ¿cómo estas
hermano?
- Harry, me complace
escucharte
- Javier, me apena llamarte,
pero parece que tu cuenta de gastos esta excedida, y por mucho, me dicen de un
importe de veinticinco mil dólares
- Harry, no sé qué decirte,
te parece si checamos los números, te mando el balance de mi cuenta ahora mismo
si gustas, yo no veo en ella ningún faltante por veinticinco mil dólares, solo
veo algunos gastos de restaurantes.
- Javier, mándame los gastos
y lo checo.
- Hecho
Colgué el teléfono e hice
otra llamada.
- Mónica
- ¿Sí?
- Hazme un favor, bueno,
dos, envía por favor mi balance al día de hoy de mi cuenta ejecutiva a Harry,
mi jefe, y enseguida entra a mi cuenta bancaria y le depositas a Ana, mi esposa,
veinticinco mil dólares a su cuenta.
- Enterada
- Me confirmas.
Así se arreglaban las
cosas en Cienciología.
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