Capitulo uno Quien soy yo?




CAPTITULO 1 JAVIER
Esta mañana volé de regreso a la ciudad de México, vine a atender asuntos de trabajo a Guadalajara. La chica del mostrador no quería dejar subir mis maletas, ¨Lo siento señor, me dijo, debe documentarlas”; así que yo mismo tomé las maletas y pase a sala de abordar. Ella me detuvo. Lo sentimos señor, tenemos que revisar su equipaje. Que le sucede, dije, ¿que no sabe quién soy yo? No, señor, ¿Quién es usted?, me preguntó
Esto que voy a contar es mi historia, o al menos intenta serlo. Me llamo Javier,  nací en la Ciudad de México hace cincuenta y cuatro años, estudie derecho en la Universidad Panamericana, en la que deserté apenas dos años de haber iniciado. Nunca fui bueno para la escuela, me aburría demasiado; me parecía lo más simple.
Mis padres eran católicos; mi madre ama de casa, amaba la música clásica y la buena vida; mi padre era comerciante y siempre vivió para trabajar, lo veía muy poco y creo que nunca tuvo tiempo para mí. Cuando era joven trató de enseñarme su negocio; en aquel entonces él tenía un lote donde compraba y vendía autos usados; a mí nunca me intereso, como tampoco me intereso la escuela. Cuando le dije a mi padre que no iría mas a la Universidad él no se conmovió, no hizo el menor gesto, estaba acomodando unas facturas y se detuvo para ver mi rostro. Mi madre se fue a la sala y puso algo de música, recuerdo que puso a Beethoven, las notas del piano no ayudaron mucho a aligerar lo tenso de la situación. Después de unos instantes mi padre volvió a acomodar sus facturas y eso fue todo lo que hizo.
Un día cansado de verme vagar por la vida me corrió de la casa. Creo nunca nos entendimos. Ojalá el viviera, podría verme ahora. Soy el ejecutivo de una organización muy poderosa.
Mi esposa se llama Ana, es una dama, fue presidenta de su generación en la universidad, es educada, y fina. Casi cumplimos veinte años de casados.
Debería sentirme afortunado, pero no lo estoy. Todo eso no me interesa, soy más bien el tipo de persona que prefiere estar aislado, en la soledad, alejado de la gente. Me fastidian los eventos sociales. Mi esposa dice que tenemos una bonita casa y que está feliz a mi lado. Yo no puedo decir lo mismo, siempre hay en mí un vacio de querer más de la vida.
Trabajo en una organización internacional, se conoce como la Pirámide. Yo soy un supervisor de área, un ejecutivo de clase B. Mi labor es la de encargarme de las negociaciones que la empresa realiza con sus miembros. El año pasado facture a la empresa varios millones de dólares, además de los registros de patentes y derechos de explotación de un par de marcas. No es necesario decir que soy el que más negocios hizo para la organización.
Por alguna razón tengo mucha habilidad para hacer negocios, y es precisamente porque no sigo reglas.  Puedo corromper, brincar restricciones y sobornar. ¿Qué si mi jefe sabe de todo esto? Por supuesto que lo sabe, y está de acuerdo en todo esto.
La organización, es dueña de miles de cosas, cosas que dejan dinero y mucho, sean estas tangibles, como depósitos en efectivo, terrenos, edificios, equipos de futbol, empresas o intangibles como derechos de explotación de oro, marcas o patentes; se sorprenderían de lo que somos dueños, un día revisando vi que éramos dueños de un bar nudista, al que por supuesto, yo mismo me encargué de revisar.
Tenemos influencia en todo, en los negocios y en la política trabajamos con gobiernos, partidos políticos y grupos de poder económico. En Latinoamérica nosotros hemos elegido a más de un presidente.  Hay quienes dicen que aunque es una empresa, se parece más a una secta, nunca he visto que alguien abandone la empresa, y cuando alguien lo ha hecho, es porque ha enfermado, muerto, o quizá desaparecido.
Siempre que salgo de viaje lo hago en avión comercial, llevo mi cuenta de gastos. Soy ejecutivo clase B, o sea que tengo un límite de gastos en dólares bastante holgado. Hace un mes, mi jefe me mando llamar de urgencia. Señor, le dije, no creo poder estar a tiempo, no hay vuelos. Asi que el mismo me mando su jet privado, un estupendo Lear Jet 45. Aborde en los hangares y salimos ese mismo día a Guadalajara.
Mi jefe se llama Harry, es un tipo con poder y yo lo envidio;  el tipo se entrevista con presidentes de la república y gente famosa. El es el mandamás de la organización en todo México y América Latina. Digamos que tenemos una buena relación, de hecho nuestras esposas son amigas. Envió por mí una camioneta Lincoln con chofer al aeropuerto. Después fuimos a conocer las instalaciones. Me confió que en un futuro quizá pueda hacerme cargo de una de esas instalaciones, Gracias jefe, le dije atento. En realidad lo que quiero es su puesto, su poder y su jet privado.

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